Dactilógrafo

"En la lucha entre uno y el mundo, mejor es estar de parte del mundo" Kafka.

viernes 20 de marzo de 2009

De mudanza

Me he mudado a wordpress.

Espero que os guste la nueva estética del blog.

Nos vemos!

viernes 9 de enero de 2009

Keep hungry



Discurso de Steve Jobs en la inauguración del curso universitario de Stanford en 2.005.

Vía Cabezas de Carajo!

jueves 8 de enero de 2009

Las 16 cosas que me costó cerca de 50 años aprender

La siguiente es una lista de un columnista del Miami Herald llamado Dave Barry. El nombre del artículo es "16 things that took me over 50 years to learn", o "Las 16 cosas que me costó cerca de 50 años aprender". Las he traducido con mayor o menor fortuna para vosotros. Originalmente las encontré aquí, aunque la web de Dave Barry es ésta.

1. Nunca, bajo ninguna circunstancia, tomes una pastilla para dormir y un laxante en la misma noche.

2. Si tuvieras que definir en una sola palabra la razón por la cual la raza humana no ha alcanzado y no alcanzará jamás todo su potencial, esa palabra sería "reuniones".

3. Hay una línea muy fina entre "hobby" y "enfermedad mental".

4. La gente que quiere compartir su punto de vista religioso contigo, casi nunca quiere que tú compartas tu punto de vista con ellos.

5. No debes confundir tu carrera profesional con tu vida.

6. A nadie le importa si sabes bailar bien. Levántate y baila.

7. Nunca chupes un cuchillo para cortar carne.

8. La mayor fuerza destructora del universo es el chismorreo.

9. Nunca encontrarás a nadie que pueda darte una razón clara y convincente por la cual se usa el horario de verano para ahorrar luz.

10. Nunca deberías decir a una mujer nada que pueda ni remotamente sugerir que tú pienses que ella esté embarazada a no ser que veas un bebé nacer de ella en ese mismo instante.

11. Llega un tiempo en el que tienes que dejar de esperar que las demás personas preparen grandes cosas para celebrar tu cumpleaños. Concretamente, a los 11 años.

12. La única cosa que une a todos los seres humanos, independientemente de la edad, género, religión, estatus económico o etnia es que, en el fondo, TODOS pensamos que conducimos mejor que la media.

13. Una persona que es amable contigo pero es maleducada con un camarero, no es una buena persona. (Esto es muy importante. Presta atención. Nunca falla.)

14. Tus amigos te quieren de todos modos.

15. Que nunca te dé miedo probar cosas nuevas. Recuerda que Noé pudo construir su Arca él solo. Un numeroso grupo de profesionales, por el contrario, construyeron el Titanic.

16. Un pensamiento para el día: los hombres son como el buen vino. Comienzan siendo uvas, y depende de las mujeres el pisarlas y quitarles todo lo prescindible para que puedan acabar siendo algo aceptable con lo que cenar.

jueves 23 de octubre de 2008

Las muertes de Lev Tolstoi



El sentimiento de culpa siempre ata. Siempre arrastra. Es el monstruo contra el que lucha una conciencia deseosa de tranquilidad, pero desde el día en que nacemos hace un mínimo acto de presencia, para no desaparecer jamás.

Creo recordar que fue San Juan de la Cruz quien confesó en sus memorias que, de niño, había hurtado algunas peras para comer, estando en compañía de sus amigos. Dado que lo hizo por puro divertimento, una poderosa sensación de desgracia se apoderó de él, por tan infantil acto, hasta bien entrada la madurez.

Ojalá todas las conciencias arrastraran un crimen tan insignificante como el robo de una pera. Pero cada uno combate a sus monstruos hasta que uno de los dos, conciencia o culpa, se rinde: es entonces cuando comienza el cambio, la muerte que precede al nacimiento. Kafka se siente insignificante, y Tolstoi se escapa en mitad de la noche con su médico y su hija.


Para éste último, a quien desde su infancia le alimentaron con fantasías de la más rancia aristocracia rusa, creció con el convencimiento de portar la llama de los elegidos, y murió con la culpa de no conocer ni amar a sus semejantes.

Puede leerse en su prólogo a "Guerra y Paz", donde apunta que las pasiones de la clase humilde no le son comprensibles ni asimilables, y que no las entiende, igual que no entiende qué siente un caballo que lleva un tonel, o una vaca que pasta en el prado. Para los que le ven como un icono del anarquismo, resultará chocante. Tengo el presentimiento de que éstas, sus propias palabras, escritas en uno de los primeros libros de la literatura universal, le persiguieron sin descanso hasta la estación de tren en la que exhaló su último suspiro.

Algo cambió en él, y tal vez fuera la guerra. Escribió:


"Estoy siempre conmigo, y es este Yo quien me atormenta."


Cuando volvió de Sebastópol nunca fue el mismo, y de sentirse libre pasó a sentirse atrapado. El primer personaje que atormentó no fue otro que Ana Karenina, que luchaba tenaz, fracasando, para liberarse de sus ataduras sociales.


A esas alturas, parece que Tolstoi pidió una oportunidad al destino, y la vida le invitó a otra ronda, pero nunca pudo escapar de sí mismo. Vendió todos sus bienes e invitó a su mujer a hacerlo (se negó en redondo). Logró escaparse de su jaula, y durante unos días fue un vagabundo más en Siberia, sin nada que lo atara al mundo excepto su propia conciencia, su ropa y sus zapatos, por ese orden.
¿Qué tiene el lado salvaje de nuestra naturaleza, que parece llamarnos a gritos en los andenes, las estaciones, las bibliotecas y los parques, las mudanzas, día y noche? ¿Quién escucha la voz que se rebela contra nuestra colección de instintos y prejuicios y se exige un cambio?
Dylan dijo que quien no está ocupándose de nacer, está ocupándose de morir.
Nazcan siempre, cada día, y brinden a la salud de los locos. Uno les saluda.

sábado 24 de mayo de 2008

Un cisne negro







"Rara avis in terris nigroque simillima cygno".




Juvenal


La metáfora fue de Juvenal, y lo cierto es que desde entonces se ha usado en numerosas ocasiones para describir cualesquiera sucesos improbables (si no imposibles).

"Es un ave rara en la tierra, casi tanto como un cisne negro".

Un tipo que trató de traducir la frase anterior
Resulta curioso comprobar como la mayoría de las cosas que suceden en la naturaleza siguen una forma determinada de azar. Por ejemplo, podemos medir la altura de todos los habitantes de cierta región, y realizar un histograma (es decir, apuntamos en un papel una lista de las alturas posibles, ý anotamos el número de veces que se repiten). Si lo graficamos, saldrá algo como esto:



Es decir, una campana de Gauss. Los sucesos improbables se sitúan a la izquierda y a la derecha de la curva. Cuanto más nos movamos hacia los extremos, más difícil será encontrar un ejemplo de ello en la naturaleza (un tipo que mida 2,20 metros, un cisne negro, o que el autor de este artículo sea capaz de encontrar un piso céntrico a un precio competitivo).


En vez de buscarse una pareja estable y cumplir con ritos más o menos aceptados por la sociedad, muchos estadísticos se han devanado los sesos durante los últimos siglos en determinar cuál es la mejor manera de obtener una serie de números que pasen un test de normalidad con la máxima precisión posible.

Al hilo de esto, hace ya varios años, un tipo de la india (en realidad, uno de los estadísticos más brillantes de nuestro siglo), decidió averiguar cuál era la manera más barata y precisa de encontrar una serie de números aleatorios (es decir, una serie incorrelada entre sí, independiente e idénticamente distribuida). Realizó varios experimentos que se acercaban bastante a lo que estaba buscando, a través de funciones que tomaban, por ejemplo, el logaritmo de un número al azar, y a partir de su cuarto o quinto decimal, tomaba el número formado por los 7 siguientes números, de los que tomaba el logaritmo, en un número definido de ocasiones. Repitió el proceso cientos de veces. Miles. Pero los números que quedaban no resultaban demasiado aleatorios, intuitivamente hablando. El tipo, que era listo, decidió poner a prueba a la madre naturaleza y al tío Gauss, y, tomando un bolígrafo, se marchó a una sala de maternidad del hospital de Calcuta. Se sentó en un banco, y si del paritorio salía una niña, anotaba en su cuaderno un 1. Si nacía niño, un cero. Después de muchas, pero que muchas sesiones (en las cuales el autor de este artículo entiende que el estadístico "meditaba", y que algún becario realizaba el trabajo), y de muchos, pero que muchos niños, dibujaron su histograma y resultó más fiable que los números aleatorios obtenidos a través de logaritmos.

Ahora bien, lo curioso de los resultados exageradamente fuera de lo normal (un cisne negro, por ejemplo, o la probabilidad que existe de que una tercera parte de los lectores que empezaron a leer este post continúen haciéndolo) es que suceden. Simple, ¿eh? La probabilidad de que un mono con una máquina de escribir llegue a redactar una edición idéntica a la del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de 1605, es 1. Esto quiere decir que, con tiempo suficiente, todo ocurre. Tal vez ese tiempo sea suficiente con cientos de miles de millones de años para que coincida exactamente con el Quijote (el autor de este blog considera que para reproducir íntegramente los textos de algunos escritores, véase el caso de Pío Moa, un mono estándar necesitaría solamente algunas décadas).


Tal vez la frase de Juvenal no hubiera sido representativa, si en el siglo XVII no se hubiera descubierto en Australia, por casualidad, la existencia de un tipo de cisne negro. El descubrimiento fue tan impactante que incluso se convirtieron en un icono allá en las antípodas.

¿Nadie puede, entonces, decir "todos los cisnes son blancos", puesto que nadie ha visto todos los cisnes que existen? No, no es sólo por eso. No hace falta haber visto a todos los cisnes que existen para determinar que no existen cisnes negros, puesto que, al ser un hecho remotamente probable, es posible.

lunes 7 de enero de 2008

Tan blanco

Imaginé el más frío de los inviernos, tan blanco, que no fuera capaz de pensar en otra cosa que no fuera la nieve. La nieve afuera, barriendo de colores las calles en un vendaval blanco que no cesara. Pensaba, tal vez, que pudiera ésta sumergirme en las profundidades de mi propia conciencia, hasta lo más salvaje y primitivo de mí mismo. Tanto, que me confundiera con mi propio colectivo, hasta perder la identidad:

"...cuando en las noches quietas y frías dirigía el hocico hacia alguna estrella y aullaba como un lobo, eran sus antepasados, muertos y ya convertidos en polvo, los que dirigían el hocico a las estrellas y aullaban a través de los siglos. Y las cadencias de Buck eran las cadencias de ellos, las cadencias con que expresaban su pena y el significado que para ellos tenían el silencio, el frío y la oscuridad."

En las pesadillas de Georges Remi, todo era blanco, tan blanco, que se propuso la más épica de las aventuras: rescatarse a sí mismo. Perdido, quisiera un Tintín que lo salvara, que emprendiera el camino más largo y angosto hasta llegar hasta él. Que lo arriesgara todo, su vida tal vez. Que el resultado no importara en absoluto.

En el vendaval de nieve de afuera, casi todo llega a perder su sentido. Si no existe una dirección correcta, entonces tal vez todas lo sean. Quizá lo importante no sea la dirección que tomemos, o si la dirección es la que debiéramos tomar. Es posible que lo más importante de todo sea que sigamos de pie, caminando.

domingo 2 de diciembre de 2007

...that's got his own

Después de éste festival de ausencias, mi justificación sonará cobarde y triste, pero es irremediable. Quiero darme un homenaje, así, tan gratuitamente, sin esperar que los que han visitado este blog desde que no ha sido actualizado (algunos haylos) no se sientan menos que decepcionados.

Descuidado, sí. Abandonado, no.

Para los que tienen la manía o la virtud de la paciencia, les mando un abrazo en forma de canciones.

La voz de Billie Holiday era la manera que Dios usaba para susurrar al mundo las notas más bellas. Nunca supo distinguir entre lo que cantaba y lo que vivía, y cuando se terminó lo primero, dejó de tener sentido lo segundo. Las palabras que menciona en cada estribillo son especialmente significativas, notables, a la par que dolorosas. Y, como siempre, encierran una pequeña verdad.

Para los amantes de las pequeñas verdades, y los que gustan de fantasear con grandes mentiras, un abrazo virtual. Con ustedes, Billie.

Ésta página es de acceso público, y pretende ser un bastión de la libre expresión y el entendimiento. Es difícil, y extremadamente bello. Como diría nuestro amigo W. G. Ward, "saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis."
Expresaos, se trata de escuchar.