Mostrando entradas con la etiqueta Biología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de febrero de 2011

La superstición de las palomas



Voy a serles sincero: soy Cáncer. Así que lo siento mucho si usted es Aries o Libra.

Simplemente, no somos compatibles.

Como mi elemento es el agua y tengo el ascendente en Géminis, soy una persona emotiva y altamente intuitiva. Soy muy sensitivo y empático con el entorno que me rodea. Pero, por el lado negativo, tengo tendencia al mal humor y temo al fracaso y a las situaciones conflictivas. Mi reto personal es reconciliar mi conflicto interno, que mucha falta me hace. Complacerme es, en realidad, muy sencillo: nunca me lleves la contraria ni me digas lo que tengo que hacer.

Soy todo esto porque la posición relativa del planeta en el que habito con respecto a la posición de las estrellas en el momento en el que nací se encontraba bajo el signo de Cáncer, una de las doce secciones en las que se divide (de modo imaginario) el firmamento, establecido así por Ptolomeo en el siglo I d.C. Tuvo algún pequeño error a la hora de poner en marcha su modelo, de manera que, en realidad, sería Géminis, y punto (no hay que culparle, de algo tenían que vivir los astrónomos).

Y, como a mí lo que me gustan son los giros argumentales, ahora voy a explicar un experimento que hizo un tal Skinner con, pongamos, una paloma llamada Henry (no hay constancia histórica de que se llamara así pero, qué queréis que os diga, le da un toque personal).

martes, 28 de diciembre de 2010

Sobre Darwin y la belleza inútil

Contrariamente a lo que comúnmente se percibe del trabajo de investigadores y científicos (sobre todo a lo que en épocas pasadas se refiere) los descubrimientos que a menudo realizan llegan a chocar frontalmente con sus propias creencias y fundamentos existenciales, mucho antes de que aquéllos cambien (profundamente en ocasiones) los caminos del pensamiento de la sociedad de su época.

Existen numerosos ejemplos de ello en Newton, Einstein, Kepler, Galileo, Bacon o Pascal. Todos ellos tuvieron que enfrentar sus revolucionarias teorías a su propio convencimiento, primero, al “magister dixit” de su tiempo, el que les tocara vivir, después, y a las ya obsoletas creencias a las que sus sociedades se aferraban en ese imparable dogma de fe que se llama opinión pública.

Posiblemente uno de los ejemplos más representativos de este conflicto entre moral y ciencia fue el caso de Charles Robert Darwin al sentar las bases de la teoría de la transmutación, posteriormente conocida como teoría de la evolución.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...