
Una de las primeras definiciones de arte que tuve la pesadumbre de escuchar se basaba en la siguiente afirmación: el arte nace del ocio del hombre. Esto es, en sus inicios, las actividades artísticas ocupaban para el homo sapiens un lugar casual, casi anecdótico. Lejos de estar de acuerdo con lo anterior, la frase en cuestión refleja una gran verdad, y es que de la mayor de las desesperanzas, tanto como de la esperanza en sí misma, han nacido muchas de las mejores obras jamás escritas.
En la soledad de la celda comenzó Cervantes a imaginar las aventuras de un desventurado hidalgo, aquel que gastara tres partes de su hacienda en el comer, y el resto en vestir. Maquiavelo instruía póstumamente a Lorenzo de Medici al escribir "El Príncipe" desde el presidio, al que fue enviado, supuestamente, por alentar la revuelta contra la familia.
